EDITORIAL

Lunes 19 de Mayo de 2008

Bolivia: tensiones y referendo

Continúan la polarización y las divisiones en Bolivia. Un sector de la oposición, alentado por el triunfo del referendo autonómico de Santa Cruz, concurrió con el gobierno a aprobar la ley que convoca a un referéndum nacional y revocatorio para el 10 de agosto. Esa consulta podría revocar los mandatos y, según sus resultados, llamar a nuevas elecciones de Presidente, Vicepresidente y de los prefectos de ocho de los nueve departamentos de Bolivia.

Sería prematuro predecir el resultado de esta consulta. Algunos opositores y prefectos quisieran impedirla por falta de garantías. El Presidente Morales está convencido de su triunfo, y bien podría suceder que sea confirmado en su cargo, pero que también lo sean los prefectos. Prevalecen la intransigencia y la desconfianza, y no es anticipable que la convocatoria y el resultado del referendo descompriman la situación.

El gobernante cuenta a su favor con el amedrentamiento de movilizaciones populares impulsadas por el Movimiento al Socialismo (MAS), desacuerdos entre opositores, interferencia estatal, el decidido apoyo de Hugo Chávez y el desgaste de los partidos opositores y de los líderes nacionales, distintos de los prefectos. En su contra están el rechazo al centralismo y la resistencia al marco constitucional de corte socialista e indigenista que se pretende imponer por el gobierno. A ello se agregan las críticas por la acogida que presta Morales al Presidente de Venezuela, ineptitudes en la gestión del gobierno, su ideologización, atropellos a la iniciativa privada y negativa ante las demandas autonómicas.

Lamentable es la falta de pragmatismo y la incapacidad del gobierno de Bolivia para aprovechar el potencial y las posibilidades sin precedentes de sus materias primas, en especial de los minerales e hidrocarburos, tanto para satisfacer las legítimas aspiraciones de su pueblo como para incrementar los lazos económicos con los países vecinos.

Nuestro país debe observar con prudente distancia los complejos acontecimientos bolivianos y abstenerse de tomar partido entre sus dirigentes y sus demandas. Chile ha tenido una posición permanente de no pronunciarse sobre asuntos que corresponde decidir al pueblo boliviano. Nuestras intromisiones en Bolivia son contraproducentes y debe haber coherencia con el repudio que merecen las interferencias de Chávez. Por lo demás, los llamados al diálogo de la Iglesia Católica y de gobiernos extranjeros han sido un fracaso, y la OEA, también promotora de los entendimientos, carece de la necesaria influencia. Al mismo tiempo, nuestras autoridades deben asumir la inconveniencia y fragilidad de los compromisos que se acuerden con un gobierno expuesto a ser revocado y con un programa que provoca fuertes resistencias. Pero nada de eso debería seguir demorando el impulso nacional a las demoradas obras viales y ferroviarias y a mejoramientos de los servicios portuarios para facilitar la conectividad entre Chile, Bolivia y Brasil. Todo indica que en los meses siguientes las tensiones seguirán en Bolivia, con una constante inestabilidad.

Europa y América Latina: mucho que aprender y negociar

Sin mayor cambio en las tensiones entre Colombia y Venezuela, y con conclusiones muy poco tangibles culminó en Lima la V Cumbre de Jefes de Estado y de Gobierno de América Latina, el Caribe y de la Unión Europea (UE). El encuentro reunió a 57 delegaciones, alrededor de 16 jefes de Estado y cerca de 30 cancilleres y vicecancilleres.

La agenda tenía dos ejes temáticos: cambio climático, medio ambiente y energía, y pobreza, desigualdad y exclusión social. Sin embargo, la ausencia del Presidente de Francia y de la UE, Nicolas Sarkozy, y de los primeros ministros del Reino Unido y de Italia -tres de las cuatro mayores economías de Europa- fue indicativa de las bajas expectativas europeas respecto de la reunión.

Esta cumbre, como otras, provocó expectativas latinoamericanas, frustraciones y escepticismo generalizado. Las asimetrías entre la UE y Latinoamérica son evidentes en su integración regional, desarrollo político, tamaño económico e intercambio comercial. La UE es un modelo de cooperación para el hemisferio sur de América, que carece de integración y con realidades diferentes y marcadas divisiones. Para muchos países de América, la UE es su segundo mercado. En cambio, los negocios de Europa con Latinoamérica son menos relevantes que los que desarrolla en otros continentes y hemisferios. A la vez, las divisiones en América Latina (AL), el populismo, las nacionalizaciones, moratorias e ideologización de algunos gobiernos han desalentado las inversiones, intercambios y negociaciones europeas. Desde luego, salvo México y Chile, los demás países latinoamericanos no han logrado acuerdos de libre comercio ni asociaciones relevantes con Europa, que negocia con pausa y dificultades tratados comerciales con Centroamérica, Mercosur y la Comunidad Andina. Es evidente que, salvo el caso de España, las prioridades de la UE están en su propio continente, América del Norte, Asia e incluso África, antes que en el resto de América, con la probable excepción de Brasil, que negocia como una potencia mundial.

Que esta cumbre no fuera otra más y que se diferenciara de la retórica que caracteriza a las inter e iberoamericanas, era un desafío que no se cumplió. Difícilmente podía abrir una nueva etapa en las relaciones entre los dos continentes, cuando América Latina carece de organizaciones multilaterales sólidas y de posiciones y agendas compartidas.

La Canciller alemana, Angela Merkel, está en lo cierto al afirmar que Chávez no representa a Latino-américa, pero ésta no ha sido capaz de crear instancias que la representen, canalicen sus intereses comunes y sean capaces de garantizar los compromisos que se alcancen.

En todo caso, es positivo que los gobernantes europeos conozcan directamente nuestras realidades y diferencias, que puedan transmitir sus experiencias integradoras y, eventualmente, agilizar los programas y negociaciones en curso.


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